Todo el tiempo se ha escuchado decir que la felicidad depende única y exclusivamente de si mismo, que no es necesario atribuirle esa responsabilidad a alguien más, sin embargo, la felicidad va muy enlazada con la vida y la vida al mismo tiempo cobra sentido por las relaciones interpersonales que abordan los individuos, las personas son en sí una pieza necesaria para alcanzar dicha felicidad, ¿Te has imaginado en completa soledad? Hace mucho tiempo entendí que los seres humanos en cierta parte son quienes nos ofrecen alegría, y lo afirmo porque claramente lo he visto, he visto la risa de un anciano mientras abraza a su nieto, he percibido la felicidad en los ojos de un padre que ve a su hija nacer, he observado desde una distancia moderada la manera en como las personas se agrupan para compartir pasiones que los hace felices, la danza, el teatro; también conocí al disfrute y el goce que ofrece el bailar en compañía, que escribir está bien pero a veces necesitas quien te lea y te escuche, he notado que el ser humano puede vivir bien desde su individualidad, pero en sí la vida recobra sentido cuando compartimos, cuando nos comunicamos, porque el entorno que nos rodea es un maestro que nos enseña, hace mucho tiempo alguien sintió como actualmente muchos sienten desde su soledad; la necesidad de estar en compañía, las personas que nos rodean son responsables de nuestra felicidad sin exonerarnos de ella, claramente, porque en cierto modo, en familia aprendí y en familia crecí, porque cuando no fue familia fueron los amigos del colegio, porque cuando dejó de ser el colegio fueron los amigos del trabajo, a lo largo del tiempo entendemos que el sentido de todo esto es saber compartir para ser feliz y a medida de que somos felices nos pesa menos la trayectoria, la felicidad nos pone un poco más liviana la maleta del vivir.
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